A veces en tren, otras con el gordo (a dedo) sin una dirección aparente. Busque una maleta de cuero vieja y un sombrero que disimulara un poco los pelos largo y allí fui Barcelona – Paris – Ámsterdam. En el camino fui dejando museos, monasterios donde dormía y personas que conocía. Para aquellos que algunas ves se lo plantearon, comento: Si es posible viajes con poco dinero y mucha ilusión!
La bicicleta fue la reina, me reconozco amigo del pedal y la tracción a sangre. El descubrimiento de esta ciudad mágica fue el mejor premio recibido por la vida, la Azaña o la osadía.
Nota: Me hizo falta para el viaje: un pasaporte caducado hace 2 años (los agentes franceses no parecen entender Español y menos a las 4:00 am mientras pasas las fronteras), 600€ para 1 mes y un iphone 3 con las que hice las panorámicas y demás que por aquellos tiempos era una novedad y por estos todo un desafío!